La pena estorba
Hola, ¿cómo están? Hoy quiero empezar este blog —que también pueden escuchar en el podcast ENTRE RELIEVES en Spotify— con algo que no me puedo sacar de la cabeza.
Cuando empiezas un negocio, te preparas para los costos, las estrategias de venta y los números, pero nadie te advierte de la parte de ser vista. Y más ahora, que parece que si no estás en redes sociales, no existes.
A mí, honestamente, es lo que más me ha costado. Entre entender cómo funciona el famoso algoritmo y estar pensando qué publicar para que me "muestre", me siento agotada. Creo que es algo generacional; veo a los más jóvenes haciéndolo con una naturalidad envidiable. Me acuerdo de mi mamá con su negocio: ella repartía folletos o hacía spots de radio y listo. Pero las reglas ya cambiaron.
Ahora resulta que no basta con enseñar lo que haces; el algoritmo te pide que tú salgas frente a la cámara para "humanizar" la marca.
Y ahí es donde empezaron mis dudas. Es una sensación rarísima e incómoda exponerte de forma tan directa frente a personas que ya te conocen en otra faceta. Te lo cuestionas todo: "¿Qué tanto vale la pena esto?", "¿Qué van a decir?". Empiezan a aparecer esos "pensamientos impostores" que te hacen dudar de si lo que haces realmente vale.
Se habla mucho del esfuerzo y la constancia, pero poco de lo incómodo que es crecer cuando ya no puedes esconderte detrás de tu hobby.
A veces veo Reels virales o tendencias y digo: "Es que eso no va conmigo, ni con mi arte". Encontrar esa identidad, cómo quiero que se vea mi marca y cómo me quiero ver yo, ha sido todo un proceso. Crecer asusta porque te llenas de expectativas y autoexigencias.
Pero hace poco, mi amiga Marisol me dijo una frase que me cambió el chip: “Amiga, la pena estorba”.
¡Pum! Fue como si me abrieran los ojos. Me di cuenta de que si quiero lograr mis metas, no puedo ir cargando con la pena. La pena no factura, la pena no vende y, sobre todo, la pena no te deja avanzar.
Arte Relieve no empezó como una gran estrategia de marketing. Empezó para ocupar mis manos, para calmar mi cabeza y sacar cosas que no sabía cómo acomodar. Creció casi sin que me diera cuenta hasta convertirse en mi negocio, y ahí fue cuando tuve que "ponerme las pilas" y profesionalizarlo.
Hoy he aprendido que sentirme expuesta no es algo malo. Significa que estoy poniendo el corazón en un proyecto en el que creo y que merece ser visto. La incomodidad es solo una señal de que estoy creciendo.
Así que hoy, mientras trabajo en un cuadro, me siento orgullosa. Me gusta lo que hago y me gusta en quién me estoy convirtiendo. Aprendí a disfrutar el proceso... con todo y los miedos y las penas incluidas.
Así que, si tú también estás emprendiendo y sientes que la cámara te intimida o que el algoritmo te gana, solo quiero decirte que no estás sola. Vamos a soltar la pena juntas, porque lo que hacemos vale demasiado como para dejarlo guardado en un cajón.
Me encantaría que me cuentes: ¿A ti qué es lo que más te da pena de mostrar tu negocio? Te leo en los comentarios (o escríbeme por DM).
Nos vemos en el próximo relieve.